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El fracaso es uno de los miedos más grandes de los emprendedores, de los artistas y de cualquier persona cuya personalidad y mentalidad la impulse a conseguir logros cada vez más grandes.

Es lógico cuando consideramos que es muchísimo más probable que fracases estrepitosamente si consagras tu vida a la persecución permanente del éxito, a que fracases si te conformas con tener lo que todos los demás tienen, y con ser lo que todos los demás son, porque ese camino es fácil.

Si te levantas cada mañana con el único objetivo de mantener el status quo, es muy probable que lo logres sin demasiadas complicaciones. En cambio, si eres de los que se levantan cada día pensando qué nuevo límite van a romper, por más que te esfuerces, eventualmente habrá momentos en los que simplemente no lo logres.

Para los que somos el crítico más despiadado de nosotros mismos, estos fracasos, aunque sean ocasionales e inevitables, pueden convertirse en señales inequívocas de que los fracasados somos nosotros. ¿Cómo manejar el fracaso sin acumular cantidades de presión o de autocrítica insanas? No es sencillo. Pero todo comienza aprendiendo a separar los fracasos por aprendizaje de los fracasos por autosabotaje.

Los tipos de fracaso

Hay dos tipos de fracaso: por aprendizaje y por autosabotaje.
El primero se refiere a las fallas o los errores que son una consecuencia lógica de intentar alcanzar un objetivo sin tener todavía los aprendizajes o las herramientas necesarias. En este sentido, el fracaso por aprendizaje, más que un fracaso, puede considerarse como un peldaño más en la larga escalera hacia tus metas. No, aún no estás en el sitio a donde quieres llegar, pero ese fracaso te hizo aprender algo valioso, un aprendizaje del que puedes partir para subir un escalón más.

Estoy seguro de que cuando aprendiste a caminar no te levantaste un día y te dijiste a ti mismo “he visto cómo los adultos caminan y hoy voy a caminar” y acto seguido te pusiste a andar como si nada. Todo lo contrario, pasaste meses azotando contra el piso y provocando risas y caras de ternura entre los demás. Hasta que finalmente todas esas caídas entrenaron a tu sistema motriz para que aprendiera a mantener el balance. Y aquí estás, corriendo de un lado a otro sin recordar siquiera lo mucho que te costó adquirir esa habilidad.

El fracaso por autosabotaje es una cosa completamente diferente. Ocurre cuando, aunque tienes la experiencia, los conocimientos y las herramientas necesarias para alcanzar una meta, de manera consciente o inconsciente cometes algún error garrafal que te impide seguir adelante. La causa más común del fracaso por autosabotaje es el miedo al éxito y a la responsabilidad.

¿Cómo lidiar con los distintos tipos de fracaso?

El fracaso por aprendizaje no es algo que puedas evitar. Eventualmente tendrás golpes de suerte o de genialidad y llegarás al éxito a la primera, pero la mayoría de las veces, mientras más elevadas sean tus metas, más pequeños fracasos tendrás que acumular antes de verlas hechas realidad. Este tipo de fracasos pueden ser bastante frustrantes, pero en lugar de verlos como tales, debes considerar que, a su modo, te acercan un poco más a tu objetivo. Así que el único truco es armarse de paciencia.

Tener una serie muy larga de fracasos por aprendizaje no significa que seas un fracasado, significa que tu camino al éxito es largo y difícil, pero seguir fallando también es sinónimo de seguir avanzando.

No hay mejor filosofía para aprender a sobrellevar el fracaso por aprendizaje.

Y ¿qué hay con respecto al fracaso por autosabotaje?

Bueno, ese puede ser mucho más complicado de manejar. Si el fracaso por aprendizaje a veces nos hace sentir como unos genuinos fracasados, el fracaso por autosabotaje siempre viene acompañado de una sensación consciente o inconsciente de que somos nosotros mismos nuestro principal obstáculo, pero a diferencia del anterior, en lugar de aceptarlo, muchas veces intentaremos culpar a los demás o a las circunstancias, antes que admitir que simple y llanamente no queremos enfrentar las consecuencias del éxito.

Para lidiar con el primer tipo de fracaso no hace falta más que te llenes de paciencia y constancia. Para lidiar con el segundo, debes hacer un análisis muy profundo y una reflexión trascendental sobre lo que te apasiona verdaderamente en la vida, y si estás en el camino correcto, o solo en el camino que los demás te dijeron que debías tomar.

Si te das cuenta que estás cayendo en el fracaso por autosabotaje, es momento de hacer un alto total para identificar de donde viene y atacar la causa del problema, de otro modo nunca lo superarás.